Los que me conocen saben que prefiero andar en carro que en bicicleta, dormir en cama que en carpa, bañarme con agua caliente que con fría , el milo licuado que revuelto con cucharita y que sueño con conocer el mundo y no con tirarme de un paracaídas. Es verdad soy así, pero no porque no valore la vida y no quiera saborear cada segundo, sino porque la valoro tanto que prefiero cuidarla y disfrutarla toda en pequeños detalles que para mi marcan una diferencia. Por ejemplo, me encanta ver la reacción de la gente desconocida cuando le sonrío de una manera desprevenida, me encanta gozarme los atardeceres y disfrutar la mejor hora del día cuando el cielo se convierte en una obra perfecta de diferentes tonalidades de azules y sale tímidamente el primer lucero que le da la despedida al dia y presenta la noche.
El objetivo real del paseo era hacer deportes extremos en el interior de Brasil, un viaje en carro de 2 horas y media desde Sao Paulo. Fuimos mi mamá, Silvana, Lalo, unos amigos y yo. Cuando llegamos , después de atravesar un camino improvisado entre plantaciones de caña de azúcar, nos encontramos con un paisaje impresionante, una vegetación exuberante donde nacían varias cascadas y entre árboles, borboletas(mariposas) azules, pájaros, insectos, culebras, y otros animales, se encontraba el piso a unos 75 metros de altura.
El reto era tirarse en tirolesa recorriendo un trayecto de 2 minutos en una cuerda que ojalá no decida quebrarse un día de estos cuando un desprevenido e inocente aventurero decida enfrentarla. Eso era lo único que yo podía pensar, aunque intentaba imaginarme la sensación de libertad, el viento sobre la cara, la adrenalina sobre mi cuerpo y la satisfacción a la llegada, ese pensamiento de la cuerda desgastándose y deshilachándose en pequeños hilos era lo único que podía ocupar mi cabeza.
Mientras yo trataba de pelear contra mis pensamientos para tomar la decisión de arriesgarme, oí decir a Lalo: “Yo me tiro”, tengo que reconocer que tenia mas miedo yo que él, no quería ni mirarlo porque recreaba la misma escena pero esta vez el personaje tenia nombre.
Pues si yo no sentí sensación de libertad, sentí pánico, no sentí el viento frio sobre la cara sentí gotas calientes, pero cuando llegó sentí mas felicidad y más satisfacción porque afortunadamente todo lo que había imaginado en mi cabeza no había pasado.
La aventura se acabo y tal vez nunca contaré que hice tirolesa o me tire de rappel en una cascada de 75 metros, pero si les puedo contar que estuve en un lugar mágico donde las borboletas azules bajan a la carretera solamente a mostrar su belleza; un lugar donde las cascadas todavía suenan con fuerza y donde los atardeceres no se pueden comparar con ningún otro, esa para mi fue una experiencia extrema.
Olá Carol,
ResponderEliminarAdorei seu Blog, você relata suas experiências de uma maneira muito doce e sutil.
Espero que esse momento no Brasil seja muito rico em experiências e amadurecimento.
É importante que saiba que gostei muito de te conhecer, você é uma pessoa especial.
Passarei aqui mais vezes para compartilhar as suas experiências, tá?
Sucesso!!!!
Beijos
Siomara